¿Os acordáis de Pekín Exprés? Pues el otro día, en uno de esos giros inesperados que tiene mi vida, viví uno... Pero en Móstoles. Para los de fuera, casi más peligroso que las ediciones que se hacía en el extranjero, para alguien como yo, pues una aventura más.
Os cuento la historia tal cual, y lo especifico para que no penséis que exagero o que lo edulcoro como hago otras veces para que mi vida parezca más emocionante de lo que es.
Situación: 12.30 de la noche, primer día de la Merche. Yo estaba viviendo temporalmente en 'casapadres' para hacerme cargo de Mechis y Pipo (gata y loro, para los nuevos) mientras mis progenitores estaban de vacaciones. Me iba a ir a dormir y descubrí que me había dejado el cargador de mi nuevo móvil en el coche. En pijama, decidí salir a por él porque era mi herramienta de trabajo en la pasarela, tenía que estar cargado sí o sí. Así que cogí las llaves del coche y salí a la calle.
Y miré y había cogido las llaves del coche de mi madre, así que volví a entrar y me dije: "Anda, que si llego a dejarme las de casa dentro, ¿quién me iba a rescatar, a estas horas?"
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No hace falta que os diga qué pasó.
En este punto añadiré que mi casa es una cárcel de alta seguridad para gatos... Y personas.
Es un chalet completamente rodeado por vallas puntiagudas y frondosa vegetación.
Por lo tanto, cuando me encontré con dos llaves de coche en la mano y ninguna de casa me entró un desasosiego importante. Importantillo, diría yo.
Entonces empecé a buscar por todas las plantas que encontré: "¿Era mi madre la que tenía llaves extras o era en la tele? ¿Quizá debajo del felpudo?" Tras clavarme infinidad de rosales tuve que aprender a la fuerza: debió de ser en la tele. Vale, Aribrasau, piensa: ¿qué haces?
En pijama y con chanclas no me veía capaz de trepar por la verja. Miraba a la madreselva que protege la parte posterior y dudaba. Di mil vueltas (verídico: pensaba cualquier cosa salvo escapar cual ladronzuela). Pero, al final, tuve que armarme de valor, crear una torre con sillas de jardín y tirarme a la madreselva.
Otro inciso. Os pongo una foto de la madreselva encontrada por internet:
¿Verdad que parece mullida y blandita? Pues dentro esconde, como muchas personas, un interior espinoso. Gracias a ella recuerdo esa noche como si fuese ayer: mi pierna izquierda aún conserva los arañazos (se me quedó una chancla enganchada y la saqué como si me fuera la vida en ello porque me dije a mí misma que podía pasar por todo menos por ir con una sola chancla en la vida).
Total que, decidida, pensé en no avisar a los vecinos, que son mayores y se acuestan pronto. Así que entré en el coche.
¿Y AHORA QUÉ?
Pues ahora tenía, gracias a Dios, mi monedero ahí, con dos euros eurazos para gastar en... Llamar a mi madre.
Nuevo inciso: mis padres viven en una urbanización a unos 6km de Móstoles, donde vive mi hermano, quien, por supuesto, tiene llaves de la casa... Pero había un pequeño problema: que no sabía su número de teléfono ni tampoco su piso con exactitud [qué pasa, se ha mudado hace poco].
Así que llegó una nueva aventura: encontrar una cabina de teléfono.
Fui a la que hay en la urbanización (remarco lo de LA para que os quede clara su unidad) y resulta que junto a ella han puesto un bar de copas. Bien, pues toda la gente que había en la terraza vio a una loca en pijama (del Primark, con shorts, espero que os imaginéis el 'look') que iba como la loca que efectivamente era (y es) hacia la cabina y juraba en arameo por encontrarse que algún gracioso la había roto. Tenemos UNA cabina y la rompen. ¡País de pandereta! ¡Os lo digo!
Mi siguiente pensamiento fue que junto a los hospitales de Móstoles tenía que haber algunas que funcionasen, los familiares de enfermos tienen que poder llamar. Allí fui: aparqué, encontré un par a la espalda del recinto y tampoco iban, así que decidí ir andando a las que están en el frontal... Estaban operativas, sí, menos mal y todo eso, pero para llegar tuve que recorrer una manzana entera: en pijama, enseñando el culo y helada de frío. Un basurero me dijo que tenía las piernas muy "lindas" y no le tiré el monedero porque en su interior estba mi única esperanza.
Cabe destacar que, como cualquiera imagina, la respuesta de mi madre no fue la adecuada, claro. Ella quería que volviese a la casa (aún me pregunto cómo y vete a saber para qué). Tanto es así que mi único mensaje, "dile a mi hermano que me espere en la puerta de su casa," no lo transmitió como debía.
En su puerta estuve media hora esperando, intentando imaginar si mi hermano se habría ido de casa, si estaría de juerga o si esa gente que venía por la calle intentaría asesinarme. Cuando ya no pensaba darle cinco minutos más de moratoria (o sí, porque la verdad es que no tenía un plan B), apareció: que había estado buscándome y dando vueltas por medio Móstoles.
Y así, queridos amigos, es como se monta un Pekín Exprés en un momentito y de manera improvisada...
PD: Esto os lo cuento por si os había vuelto a dar por pensar que la vida bloggeril era puro 'glamour'. Que no, que ya os digo yo que a los Bradshaw lo que nos pasa es que nos ocurren cosas más que curiosas...