Ando estos días con el último libro de Elvira Lindo "Lo que me queda por vivir" entre manos. Sobre todo, por que las uso para sujetarlo mientras lo leo. Me quedan unas veinte páginas. O sea, que en lo que vuelvo del trabajo me lo habrá acabado de sobra. ¡Qué pena!Tengo que decir que, como casi siempre en este blog, me resulta imposible ser imparcial. "Elvira Lindo, ¡qué pereza!" me dijeron ayer y yo sentí que se me partía el corazoncito, como cuando te dicen que tu novio es un soso o que no ibas tan mona como tú pensabas.
Y es que para mí, esta escritora es como de la familia (ojo, y para mi familia también, no somos muy de incluir a gente así sin previo aviso). Son muchos años a "su" lado y ya casi creemos conocerla. De ahí que a mi madre le dijese "Pedro me ha regalado el nuevo libro de Elvi", porque si lo digo tal cual, Elvira Lindo, podría sonar como cuando tu madre te llama por tu nombre completo y apellidos, vamos, en plan cabreada.
En fin. Yo a Elvi "la conozco" de toda la vida (la mía). A mí ya me gustaba leer cuando llegó Manolito Gafotas, pero mi adicción a ese niño de gafas no hizo sino potenciar ese mal hábito (porque lo es, creedme) que tengo de leer cada vez más y más deprisa. Un problema serio y un gasto que no os podéis imaginar. De ahí que el hecho de tener libros gratis en el trabajo es una de las cosas que me haría echarlo tanto de menos.
Total, que venía a hablar de su última novela pero ya me he liado. La historia, de tan común, es buena, y triste, tanto que hace que te plantees lo mal que funciona nuestra sociedad. La manera de contarla, ay, eso es otra cosa. Increíble. Da la sensación de que se te mete en la cabeza y adivina todos tus pensamientos, hasta los más tontos (a qué huele la brisa de ciertos árboles... ¡es verdad!). Me gusta porque Elvi deja entrever retazos de una vida, que no es la suya, pero podría serlo, y también la mía, la tuya y de cualquiera que la lea. Melancolía es lo que me provoca, aunque no tanta como cuando esta noche pase la última página.
Hasta la próxima, Elvi (o hasta el domingo, que en mi casa compramos desde hace años el periódico de la competencia sólo porque yo me pongo muy pesada si no la leo -aunque antes mucho más, cuando la columna era humorística-.)
