Leía otros blogs diciendo "he tardado mucho en hablar de la fiesta de YO DONA" y yo pensaba: "vaya, si esto le parece tarde, ¿qué pasará cuando llegue yo, allá por comienzos de 2011?" De ahí que hoy esté aquí, en vez de comentando lo muchísimo que he sufrido con la Selección (¿por qué no me hago futbolera? Ah sí, porque el negocio del fútbol y las ligas -donde todo es dinero- me da un poco de repelús... Pos nada, yo con "la roja" y punto).
Y... bueno, os cuento que la fiesta estuvo genial, aunque, si os soy sincera, casi no pude disfrutarla hasta que ya más bien fue llegando al final... Y es que, no lo voy a negar, me encanta mi trabajo, y me encanta haber tenido algo que hacer durante la fiesta (por aquello de sentirme importante), pero soy de las que no maneja bien los nervios de la responsabilidad.
Por un lado, mi trabajo, que era hacer fotos (yo no, sino junto a un fotógrafo, que seguía mis órdenes) (sí, sí, cómo molo, jaja) a los detalles -véase: joyas, peinados, zapatos, etc.-, por otro, mi siguiente misión: tomar nota de los discursos de premiadas y presentadores (qué tensión cuando Malalai Joya se puso a hablar en inglés, tan rápido, cómo para reproducirlo en español, un cuadro) y, finalmente, retransmitir vía Twitter, con un móvil que no era el mío, donde no veía lo que escribía (oh, oh, riesgo de erratas) y costándome una vida conectarme por la cercanía a la Zarzuela (donde hasta se desactivan los cierres de los coches).
En fin, un espectáculo. A eso se le sumaba el querer estar pendiente de mis blogueras, invitadas por la revista y de las que me sentía algo responsable, sobre todo porque, además de todo, las considero amigas y yo como pseudoanfitriona (vamos, que era la única de la revista que conocían, no es que me crea Isabel Preysler y fuese repartiendo bombones y sonrisas) quería que estuviesen lo más contentas posibles dentro de que, todo hay que decirlo, no dejo de ser el último mono.
Al final todo salió bien y, aunque me perdí el cóctel y apenas probé la cena (esto no por trabajar sino por darle palique a Rubén Sanz, actor de "Escenas de Matrimonio" que se sentaba en nuestra mesa y que me pareció simpatiquísimo) (ojalá nos hubiese acompañado Mayte de la Iglesia en la cena, ya hubiera sido la bomba). Y ya entrada la noche, a degustar mojitos, que es lo que más me gusta, junto a mis compañeras de la revista, que también son las que más me gustan. ¡Qué risa nos pasamos!
Claro que... No tanta como cuando vimos esta foto, que he dejado para el final para que pasáseis por mi historia antes de empezar a partiros (y que he recortado por no desvelar la identidad de mis acompañantes, aunque diré que en esta ocasión también aparecía¡ Cantizano). No sé si tuve un repetino ataque de lumbago, si perdí una de las lentillas que no llevo o simplemente estaba diciendo "¡Amparo! ¡Pozí!" [esto, para que veáis que la vida 'glamourosa' del mundo de la moda a veces no es tanto, ¡lo que me gusta a mí desmontar mitos!] :P Hala, a reírse...
Sin ver a las demás para comparar mi postura parece hasta normal, pero creedme cuando os digo: estaba muy doblada, y no por el alcohol, lo juro, que casi bebieron más mis zapatos que yo...
PD: Todos los detalles de la fiesta, en la web (que no se diga, hombre).







