Habréis observado la cantidad de historias que extraigo últimamente del suburbano de Madrid... Y las que me quedan, ahora que voy a ir por líneas de las buenas (y no el Metrosur), porque para llegar al nuevo trabajo (empiezo el jueves en YoDona) tengo que coger tres líneas, y supongo que eso dará para mucho.
Como siempre, os relato la situación tal y como yo la vi. Yo entré al vagón (el primero, como siempre, porque tras 6 años sé exactamente en qué vagón y puerta he de bajarme) y me senté al lado de una chica que cuidaba de un carrito. Me dispuse a leer mi libro (uno en inglés, que me ha durado una vida porque lo empecé estando de exámenes, se llama 'Forever Friends').
Según me siento la mamá del niño se pone descaradamente a leer de mi libro. A leer o cotillear o lo que sea, pero mirando con total descaro. Que le den a la educación, debió pensar.
En un momento dado, una señora de los asientos de enfrente entra en escena y le dice a la mamá "Que se te ha caído eso" (no de muy buenos modos, y con mirada que claramente dice "mala madre"), pero esto da pie a una conversación entre las dos mujeres.
La mayor pregunta cada cosa como si fuese un interrogatorio y la mamá responde todo el tiempo "es que él come mucho, se lo come todo". Diez minutos con la madre repitiendo "se lo come todo, lo que le des, vamos, es que se lo come todo". Que dices tú "vamos, que la primera vez ya lo habíamos entendido pero que como no sabes qué decir nos lo vas a repetir todo el camino".
La conversación parece tomar otro derrotero cuando la mayor pregunta si duerme bien, porque su nieta no duerme, y la mamá entonces entra en la espiral de "malo no es, es inquieto, pero malo no". Claro, es tu hijo, no vas a decir que es el demonio, pero en el mundo infantil, de toda la vida, inquieto quiere decir MALO.
En estas se levanta una mujer que iba con su niña (un poco más mayorcita, con sus 4 años apró.) y dice "Qué suerte tienes hija" y dice la mayor "ya, porque la tuya no come, ¿eh? Si se le nota, nada más verla he pensado yo, esa niá no come bien". La mujer y la niña se van y la señora mayor mira a la otra con cara de oler pescado y gesto de "claro" y añade "si es que se nota cuando no comen bien" (vamos, como si fuese un pecado y tuviesen que encarcelar a los padres... Que a mí me daban tratamientos para comer de pequeña y mírame ahora).
Total, que esto da para que durante un rato más la mamá, que intercala conversaciones con leer mi libro (que yo tengo abierto sólo como tapadera porque con este espectáculo es imposible concentrarse en nada) comente "este se lo come todo, lo que le des, vamos, todo".
Finalmente, la historia acaba cuando la señora mayor, jueza y líder con cara de mala leche se levanta sin decir ni adiós a la mamá y se baja en su parada.
Como siempre, os relato la situación tal y como yo la vi. Yo entré al vagón (el primero, como siempre, porque tras 6 años sé exactamente en qué vagón y puerta he de bajarme) y me senté al lado de una chica que cuidaba de un carrito. Me dispuse a leer mi libro (uno en inglés, que me ha durado una vida porque lo empecé estando de exámenes, se llama 'Forever Friends').
Según me siento la mamá del niño se pone descaradamente a leer de mi libro. A leer o cotillear o lo que sea, pero mirando con total descaro. Que le den a la educación, debió pensar.
En un momento dado, una señora de los asientos de enfrente entra en escena y le dice a la mamá "Que se te ha caído eso" (no de muy buenos modos, y con mirada que claramente dice "mala madre"), pero esto da pie a una conversación entre las dos mujeres.
La mayor pregunta cada cosa como si fuese un interrogatorio y la mamá responde todo el tiempo "es que él come mucho, se lo come todo". Diez minutos con la madre repitiendo "se lo come todo, lo que le des, vamos, es que se lo come todo". Que dices tú "vamos, que la primera vez ya lo habíamos entendido pero que como no sabes qué decir nos lo vas a repetir todo el camino".
La conversación parece tomar otro derrotero cuando la mayor pregunta si duerme bien, porque su nieta no duerme, y la mamá entonces entra en la espiral de "malo no es, es inquieto, pero malo no". Claro, es tu hijo, no vas a decir que es el demonio, pero en el mundo infantil, de toda la vida, inquieto quiere decir MALO.
En estas se levanta una mujer que iba con su niña (un poco más mayorcita, con sus 4 años apró.) y dice "Qué suerte tienes hija" y dice la mayor "ya, porque la tuya no come, ¿eh? Si se le nota, nada más verla he pensado yo, esa niá no come bien". La mujer y la niña se van y la señora mayor mira a la otra con cara de oler pescado y gesto de "claro" y añade "si es que se nota cuando no comen bien" (vamos, como si fuese un pecado y tuviesen que encarcelar a los padres... Que a mí me daban tratamientos para comer de pequeña y mírame ahora).
Total, que esto da para que durante un rato más la mamá, que intercala conversaciones con leer mi libro (que yo tengo abierto sólo como tapadera porque con este espectáculo es imposible concentrarse en nada) comente "este se lo come todo, lo que le des, vamos, todo".
Finalmente, la historia acaba cuando la señora mayor, jueza y líder con cara de mala leche se levanta sin decir ni adiós a la mamá y se baja en su parada.
Voy a echar de menos estampas tan familiares en los metros de Madrid.

