Como no he cumplido la promesa que le hice a Eva (escibir mi despedida burgalesa y mi bienvenida mostoleña) hago un pack de sensaciones que me han surgido y me quedo más ancha que larga.
Os voy ademostrar que tengo doble personalidad y que no soy la misma en Burgos que aquí:
- Allí, que me encanta la casa mucho más que ésta (a pesar de ser más pequeña y de tener un colchón de los que te destroza la espalda), tengo mucha más necesidad de salir, aunque sea a dar una vuelta o un paseo (quizá porque Burgos es mucho más bonito que todo esto, todo está más cerca y.. no sabría dar más motivos racionales).
- Allí soy capaz de imponerme unas disciplinas que aquí no me salen, como por ejemplo, levantarme cada día a estudiar o levantarme a determinada hora.
- Sin embargo, aquí como bien, y con esto me refiero a que como poco (lo necesario para vivir y dejar de engordar) (gracias, tiroides) y allí soy incaaz de contenerme (¡está todo tan bueno!).
- En Burgos y en Madrid tengo exactamente la misma ropa, es más: a excepción del pijama, que pertenece a aquella casa, el resto va en el equipaje, porque no puedo permitirme mantener dos armarios (y sobre todo, porque sufriría por las cosas que dejo en la otra casa). Y siendo así, me parece muy curioso que aquí casi nunca me arreglo, que mis vaqueros y yo somos uno y que lo nromal es verme de o más normalita para ir a cualquier lado. En Burgos, vestidos, faldas, camisas, bolsos, complementos y maquillaje surgen de la oscuridad y me acompañan durante el tiempo que esté allí.
- Y finalmente, algo que me demuestra que ni siquiera mantengo mi forma de pensar allá donde esté, es el hecho de que allí me hubiese parecido raro que el Ayuntamiento de Móstoles recoja firmas para que le den el balón de oro a Casillas y aquí me parezca todo de lo más normal.
¡Hola, rutina!