Se que últimamente o escribo poco o escribo basuras, a veces incluso las dos cosas a la vez (soy mujer, no lo olvidemos), pero tengo un motivo. Una excusa, dirán algunos. Bueno, qué sé yo. El caso es que esta entrada es la número 99 (nonagésimo novena, dicho de forma culta) de este blog. Y conociéndome, conociéndoos, diréis: "Ésta quiere hacer coincidir la entrada 100 con un hecho importante".
Sí.
Pero ¡alto! No tiréis el confeti ni preparéis Tang tropical para celebrarlo (hoy quería comprarme Tang, después de años sin tomarlo, deseaba saborear esos maravillosos polvitos posados del fondo... Y en Mercadona no venden. Malditos valencianos, ¿qué os he hecho?). Total, que no os pongáis como locos de contentos porque con lo que voy a hacerlo coincidir es con mi despedida por vacaciones. ¡Ooooooh! (o al menos espero un sonoro "oh" en vuestras casas, gentuza, que se supone que me tenéis que echar de menos).
Sí, amigos.
Me voy a un lugar muy muy lejano... Como a tres horas de aquí. Ese sitio de calles históricas y gente regia donde se supone que voy a encontrar la paz que necesito para estudiar y poder terminar la carrera antes de ser mamá o -peor- ¡abuela! (imagino que primero irá una cosa y luego otra).
En definitiva, que me voy a Burgos y, a no ser que uno de mis ancestrales vecinos del barrio haya decidido encender un ordenador y descubrir internet y con él el wifi y además no tener un hijo que se lo haya protegido de mala gente como yo, va a resultar complicaete que me conecte durante este mes.
Pero oyes (como dice mi vecina, algún día debería dedicarle algo a sus perlitas) (habia escrito peritas sin querer y había quedado obscenísimo para una persona con tanto Style como yo) (lo pone ahí al lado, ¿eh?), torres más altas han caído.
En fin serafin, el viernes o por ahí me despediré, que me voy el sábado sabadete.
Mientras tanto, sed buenos y compradme un Tang.


