// //]]> Ari Bradshaw * Blog de moda, lifestyle y humor *

martes, diciembre 08, 2015

Cosas que hacer en Navidad

Ya, ya sé que en Navidad lo que faltan, precisamente, son días para poder aprovecharla más, que llega el 7 de enero y dices: "Pero... ¿Ya?" Y mira que te has tirado mes y medio comiendo pero se te ha hecho corto, como todo lo bueno.

El caso es que ya he contado varias veces aquí cómo paso la Navidad, pero Pedro, mi actual marido y lector del blog desde hace poco (estaba en el contrato de matrimonio) dice que por qué no os cuento qué hacemos nosotros. Pero creo que eso se queda un poco corto porque no todos vivís en Madrid, pero como sí es verdad que me encanta la Navidad y muchas veces pienso en ella, tengo bastantes ideas...

Bueno, pues os recopilo:

Una tradición de Navidad (o muchas)

En nuestro caso, claro, es poner el árbol en el puente de la Constitución, y cada año incluimos una bola nueva: de algún viaje o una bola DIY llena de fotos de nuestra boda, como este año. Eso lo hacemos escuchando mi lista de canciones navideñas americanas: hay que aprovechar que luego en agosto no pegan.

Otra tradición (nosotros igual nos pasamos un poco, podéis tener solo una) es celebrar cada año la Navidad de Ara (la buena) o la Navidad de Pedro (la otra). Este año, por suerte, toca la mía, que supone ir por la tarde a ver Cortylandia (por mucho que haya desmejorado) y a comer un bocata de calamares a la Plaza Mayor de Madrid. La de Pedro es por el día, incluye Cortylandia también (yo qué sé por qué) y vamos a comer a El Corte Inglés. 2015 está siendo un año muy bueno, pero 2016 ya pinta mal sabiendo ese final.

Tenemos más tradiciones, como rellenar el calendario de adviento DIY (yo) y comérselo día a día (Pedro). O la clásica merienda navideña en casa de Cristina Piña, que puede acabar a las 4 AM, en el Burger King o en el bingo, nunca se sabe.

Un DIY navideño

Este año ya tengo la casa petada de DIYs de otros años, aunque ahora que por fin tengo pinitos, quiero hacer este sobre todas las cosas:


Aunque la verdad es que tengo el Pinterest petado de proyectos y los haría todos...

La decoración de los regalos de Navidad (muy importante)


Cuenta la leyenda que si haces una decoración bonita parece que el regalo vale más. A mí a veces, de hecho, me cuesta más el envoltorio que lo de dentro (y no porque sea roñosa, sino porque se me van de las manos los adornitos).

Este año creo que voy a hacer, de nuevo, el papel yo, o sea, adornar papel básico con cosas. A ver qué tal sale la cosa...


En Pinterest, de nuevo, tengo toda una carpeta dedicada a esto (quiero mandarle en este momento un saludo a mi amigo Sergio, gran usuario de esta red social, probablemente el único hombre en ella, que además no me había dado a seguir).

Una receta de Navidad

Nunca puedo celebrar la Navidad en mi casa, siempre somos nómadas en casas parentales, pero este año pienso organizar una falsa cena de Nochebuena o falsa comida de Navidad con mis amigos (que también se están enterando ahora, un beso). Y pienso hacer todas las cosas tradicionales, como dios manda, pero en algún momento haré algo de Jamie Oliver. Porque es el mejor cocinero de andar por casa de todos los tiempos y porque tengo que darle uso a mis cinco libros.

Blakened chicken, ¿por qué no?

Un regalo de Navidad


Aprovecho que esta es mi lista de cosas navideñas para manifestar mi deseo: deseo mi vestido de novia en corto y en otro color para poder llevarlo cuando me plazca. Por favor, que los interesados se pongan en contacto con Cristina Piña para el presupuesto. Que digan que van de mi parte para que les haga precio (y para que tenga las medidas, más que nada).



PD: No sé cómo he empezado dándoos consejos y he acabado hablando de mí. Va a ser verdad que soy una nueva especie de egoblogger... 

PD2: Este tema creo que da mucho de sí, ahondaré sobre DIYs y recetas navideñas si me decís que os interesa y no le dais a que este tema ha sido una full aquí abajo, que nos conocemos.

domingo, noviembre 29, 2015

Mi boda: la exclusiva

Ya, ya sé que he tardado prácticamente dos meses en compartir con vosotros esta exclusiva, pero no quería que la Eva González esa me quitase el protagonismo, así que ahora que todos hemos borrado de nuestras retinas la imagen de Fran Rivera con bombín (¡nooo! ¡Parece que ha vuelto a mi cabeza!) es un buen momento para contaros todo sobre mi boda.

Lo hago porque me da la gana, porque me apetece que cotilleéis un poco, porque así todos los invitados pueden aprovechar y recordar el momento conmigo, porque así presumo de todo lo que hice, de lo bien que se portaron en la Finca La Montaña, y Juan Carlos de Oui Novias y hasta la gente de Fotomatón Express (no me pagan, ojalá, pero es de bien nacido ser agradecido con gente que hace tan bien su trabajo en un sector en el que los abusones parecen salir debajo de las piedras).

Así que, preparaos, es largo, pero he intentado compactar para verlo todo en un post y no volverme la típica que solo habla de su boda (al menos no aquí, si nos encontramos por la calle estaré encantada de pasar horas hablando de ella).

La ceremonia




Queríamos mucho color, para que encajase con la idea de ceremonia alegre que teníamos así que le pedí ayuda a mi amiga Wendy, de Bodas de Cuento, y le enseñé dónde sería: ella me preparó un croquis con ideas utilizando lazos para que enmarcasen el lugar. Suya fue también la idea de sentarnos frente a los invitados y hacerlos partícipes de nuestras reacciones.

La ceremonia la 'ofició' nuestro amigo Roberto, arquitecto, sushiman y actor en sus ratos libres. Lo elegimos porque es divertido y muy perfeccionista y la verdad es que fue una buenísima idea.

En esta parte participó todo el mundo también: mi cuñada Pilar María, emocionando a todos con un poema, Sergio (+Pariente +Tino +Santi +Víctor) explicando quién merece ser el mejor amigo de Pedro, Franchejo, haciéndonos reír y llorar a la vez contando los orígenes de nuestra falsa amistad y Patricia, que no llegó a ser TT con su lista, pero en las copas casi lo consigue... Y al final, Leo, que trajo (más o menos) los anillos y también un puñado de jamón.







El 'look' de novia

Era un secreto más o menos bien guardado, porque a todo el que me encontraba le enseñaba las fotos de las pruebas. Como sabéis, en la primera incluso estuve a punto del desmayo, pero luego la cosa fue mejorando. Fue muy bonito vivir todo esto con Cristina Piña, mi amiga y diseñadora, que me ayudó muchísimo a encontrar el vestido perfecto, que me guió con unas mejoras que lo convirtieron en algo maravilloso y con la paciencia infinita que tienen tanto Epi, su mano derecha, como ella.

Aquí el proceso:



Y, ese día, tras pasar por las manos de Juan Carlos, y que me vistiese Cristina sin necesidad de ninguna ayuda, pues me puse mi tocado (de porcelana fría, hecho por ella también, porque esta chica hace de todo), mi ramo de Elena Suárez (que me costó la friolera de 10 euros, les costaba creer que realmente quisiera un ramito tan pequeño -tan barato-, pero me lo habían dado hacía unos meses en una presentación y supe que sería ese, ¡y no me arrepentí!), mis zapatos de Leie (una firma alicantina que hace cosas preciosas y vende solo online) y la verdad es que me vi lo más guapa que he estado nunca...




Los detalles

De estos hubo muchos. Ya os conté que quería hacer una boda en la que participase todo el mundo pero de verdad, no como cuando lo dice alguna gente y al final lo que sientes es que ellos quieren ser protagonistas y que tú les digas que qué bien todo y esa es toda tu participación...

Así que preparamos un montón de cosas: carteles de bienvenida con unas tablas que me consiguió mi padre y ceras, banderitas para mostrar apoyo o a Pedro o a mí (y el maldito tuvo más éxito que yo), conos para el confeti que eran bolitas de lana (bendito Aliexpress), kits antirresaca (que incluían unas pastillitas con mensajes motivadores, ¡¡que alguno directamente se tragó!!), muchos lazos por toda la ceremonia para dar color, bandejas para la recena (que encargamos a McDonald's y Dunkin Cofee) personalizadas (a esas alturas, nadie se fijó), los meseros hechos con patchwork por mi suegra y mis luces, mis maravillosas luces.



Cuando visité la finca por primera vez, le dije a Elio, encargado de la misma: "Todo muy bien, pero si me dejáis llenar este cenador de luces de Navidad". Y no sé por qué aceptó. Después de lo que había leído en los foros de bodas encontrar a alguien que dijese que sí a todo era un soplo de aire fresco, la verdad. Y pasaron los meses y les dije que iban a ser unos 3 kilómetros de luces, porque soy una exagerada y lo que había encargado eran, en realidad, 300 metros. Ellos dijeron que se encargaban (había pedido presupuesto a una empresa especializada y me pedían unos 1500 euros por el montaje), les abracé y les mandé besos virtuales y, cuando llegó el día, tuvieron a una persona encargada de poner las luces durante horas y horas.

Le estoy agradecida a Alejandro (quien organizó la boda) por muchas cosas, pero por haber aceptado todas mis locuras y darme siempre tranquilidad (aunque ni él ni yo supiésemos si íbamos a acabar cenando en penumbra) especialmente. Las luces quedaron INCREÍBLES. "Parece como si estuvieses dentro de una ciudad", me dijo mi madre, con el reflejo de los cristales, que las hacían infinitas, y de verdad que todo parecía mágico. Tanto que ahora las pueden disfrutar todos los novios que quieran casarse en el mismo sitio, y eso me hace TAN feliz... (Aunque me pone un poco nostálgica también)



Más detalles: los servilleteros que eran coleteros con pompones que hice durante semanas, el cartel de neón que no quedó como yo quería (pero mira, de noche todos los gatos son pardos), mis letras de luces, los botes personalizados por mi padre con los nombres de todos los invitados y que se convirtieron en centros de mesa-regalo cuando Patri, Franchejo y yo los llenamos con las tres cajas de flores que compré porque estoy loca y al final dos cajas se quedaron sin usar, la mesa del aperitivo (porque somos MUY de aperitivo), los cuadernitos personalizados que hice para que escribiésemos nuestros votos, la cajita que mi madre me pintó y decoró para llevar los anillos, los regalos para ellos (pajaritas), para ellas (monederos que también hizo mi madre con una tela personalizada y pintalabios marroquíes que trajo mi suegro jugándose la vida) y dibujos y botes de chuches para los niños....

Y todo, todo, hecho por nosotros (hasta las chuches las compramos al por mayor y los globos los termosellé con mi plancha del pelo la noche antes), así que cuando la gente dice que Pinterest es muy mala idea me niego a creerlo: sirve como inspiración, como ayuda y sobre todo hace que sepas distinguir del bien y el mal, o sea, de lo que quieres y de lo que no, y sirve también para tener referencias visuales tanto para ti como para quien se encargue de montar el tinglado (en mi caso, Alejandro)... Y lo bueno de todo esto (aparte de que si eliges bien te cuesta prácticamente cero) es que al final lo sientes MUY tuyo, muy personalizado, que es lo que, creo, todos los novios quieren. A mí me ha encantado la experiencia y la verdad es que echo de menos tener manualidades por hacer (especialmente las letras de luces, que estuvieron rondando por casa durante un año).



Y, bueno, eso es un poco todo.

Solo me gustaría terminar con las que son, para mí, las fotos más divertidas de la boda, que son las que se hicieron dentro del fotomatón (en las que podéis ver cómo las horas fueron haciendo mella en mi cara y mi peinado...). Era algo en lo que queríamos invertir pero la verdad es que elegimos a Fotomatón Express por las buenas opiniones que vimos en Bodas.net sobre calidad y precio. Se portaron fenomenal, personalizando incluso las tiras con el estampado que hizo mi amiga Bea Caballero para las invitaciones (y que luego reaproveché para esto y en los monederos), ¡para mí es totalmente recomendable!

Termino con estas imágenes, aunque he seleccionado en las que salíamos un poco mejor porque alcohol y fotos a veces no es la mejor de las ideas...



PD: Fin de las comunicaciones sobre la boda... Al menos de momento, porque me he dejado alguna cosa y a lo mejor luego me parece superimportante enseñarla también...

PD1: ¡Gracias por aguantarme!

PD2: Las fotos bonitas son de mi amiga Nuria Gasco, el resto hicimos lo que pudimos... ;)

PD3: Este post es casi más descriptivo que emocionante, para contaros mis sentimientos ya escribí esto.

domingo, noviembre 01, 2015

¡Que me he casado!

Hay que casarse, ¡casaos todos!

Ese es mi pensamiento mientras intento explicaros que vuelvo a tener excusa para desaparecer durante bastantes semanas del blog: me he casado, dos veces (por lo civil y por el poder de Greyskull), y eso ha conllevado preparativos, muchos nervios, unas cuantas noches sin dormir y luego un viaje muuuy largo por Argentina.

Ese es el motivo pero vengo a contaros más, porque como bloguera me veo obligada a contaros qué ha significado para mí casarme (y para los más cotillas prometo otro post con detalles de la boda, para que curioseéis). Y cuando publique esto y lo otro, se acabó, lo prometo, porque aunque me pasaría la eternidad hablando de ese día, es que realmente duró unas 12 horas, no da mucho más de sí, y temo resultar pesada (afortunadamente existe mi madre, y puedo comentar con ella todos los detalles de nuevo siempre que quiera y eso calma mis necesidades).

Pero... a lo que iba, casarse es guay. Vaya mierda de descripción, diréis, pero es lo que es. Y no se me ocurre mejor forma de definir un día que te produce mucha ansiedad porque vas a juntar gente de todo tipo pero que al final resulta genial porque juntas a toda esa gente de todos tus mundos y todos están dispuestos a decirte que qué guapa, que qué bonito todo, que qué rica la comida... Aunque solo sea para que te halaguen creo que merece la pena. 

Y te gastas bastante dinero, sí, pero si es con tal de llevar un vestidazo, tener un sitio precioso, que tu futuro marido vaya hecho un pincel, te maquillen y te peinen, pues renta...

Ahora en serio, me cuesta mucho explicaros por qué hay que casarse porque no dejo de pensar que cada boda es un mundo (y la mía la mejor de todas, claro), así que mejor tiraré por esta vía: ¿por qué me ha encantado casarme?

Por todo lo anterior, porque vinieron mis padres y la noche antes lo pasamos fenomenal cenando pizza de boletus con algunos de mis mejores amigos, porque la mañana de la boda llovía pero me daba igual, ni siquiera estaba nerviosa, solo pensaba: ¿Y si llueve, a mí qué?, y además estaba confiada en mi suerte, era mi boda, no iba a llover (y no llovió). Y esa mañana fue genial, con Franchejo y Patricia, mis damos de honor, llenando más de 80 botes de alubias que mi padre había personalizado con todo el amor del mundo con tres cajas repletas de flores, unos centros silvestres y muy Pinterest, tal y como yo quería... Fue un trabajo que no me costó nada, la verdad.

Después, a comer corriendo, un risotto que recuerdo buenísimo, seguro que no era tanto pero ese día todo estaba bien y, por fin, el traslado de mi vestido y mis cosas de un hotel a otro, en el que solo tuve 10 minutos de relax antes de ducharme y desenredarme (me paso la vida desenredado) para esperar a Juan Carlos, mi peluquero, y un artista. Juan Carlos, mi amiga Nuria (que se encargaría de mis fotos mientras mi amiga Elena se encargaba de las de Pedro) y yo pasamos una hora preparándome y hablando de cosas muy terrenales, otro momento que recuerdo también a la perfección, me parece muy yo acabar divagando sobre el karma y otras cosas minutos antes de casarme.

Luego, la locura: llegaron mis padres, llegaron mis damas (Cristina, Mayte y Elena), revolucionando la habitación y finalmente empezamos a vestirme. La verdad es que esto fue rápido porque Cristina, diseñadora del mismo, sabía a la perfección cómo hacerlo. Como nos sobraba tiempo, salimos a la calle a hacerme unas fotos.

Seguía sobrando tiempo y nos metimos mi padre, mi hermano y yo en el coche a hacer tiempo y un selfie en el que mi padre parece que se ha colado, ¡me encanta! Nos perdimos por el camino, llegamos, terminamos de colocar el vestido y, por fin, entré con mi padre. Y a partir de ahí todo lo viví sobre una nube: la entrada, memorable, la ceremonia, aún más, en la que todo fueron sorpresas y muestras de cariño de familia y amigos (es mi parte favorita de la boda, si no os casáis por la Iglesia, donde es algo más estricto, os aconsejo cuidar mucho este detalle). ¡Queríamos una boda participativa en todas sus etapas y creo que en esta se cumplió de sobra!

Y a partir de ahí va ya todo muy rápido: miles de fotos, yo con el estómago cerrado (eso sí que no es nada yo, cómo lo lamento porque me perdí todo el cóctel), saludar de grupo en grupo, la entrada en el salón, descubriendo que mi idea de las luces, lo primero que pensé en poner cuando vi la finca (y que si no me hubiesen dejado hacerlo, ahora confieso, no habríamos elegido), había quedado espectacular, un brindis, sentarnos a cenar, hablar de lo bonito que estaba todo con nuestros padres, pasear por las mesas a saludar, hacer que Pedro engullese el postre, ver una nueva sorpresa que nos habían preparado nuestros amigos, terminar de saludar, empezar el baile sin baile, los cientos de fotos en el fotomatón, el baile improvisado de Grease que todavía emociona a mi amiga/compañera Andrea, unos cuantos mojitos, la purpurina que se le fue de las manos a Patricia (menos mal que luego la entretuvimos con otras cosas), mis kits anti-resaca y las hamburguesas de McDonald's y... ¿Ya? ¿Cómo que ya se ha acabado?

De pronto eran las 6 de la mañana, no daba crédito. ¿Cómo puede ser todo tan rápido?

Y luego, ya veis, un mes después, casi, sigo rememorando cada minuto, intentando descubrir más historias, las que te cuentan los demás y es como si ese día siguiese creciendo.

Y, no sé vosotros, aparte de todo eso, creo que, de pronto, hacerte mayor y decirle a tu amor que esto es para toda la vida y por qué lo vas a querer siempre es algo que pone la guinda a toda la historia. La boda debía ser entre dos personas pero al final fue de los 120 que nos reunimos ese día, y para mí ese es el mejor motivo para casarse.

Fotón, también de Nuria

lunes, septiembre 28, 2015

A 5 días de mi boda: cosas que han pasado y que no han pasado

Este sábado... ¿Qué haces? Yo, casarme.
Lo normal que llevas preparando año y medio (en tu cabeza un lustro más, aproximadamente) y que en un día, puf, se pasa. Entiendo mucho a Kate Moss cuando se puso a hacer una boda de tres días. Eso y que quizá las montañas de coca no se gastaron tan rápido como ella pensaba.
En fin, que a cinco días de casarme empiezo a pensar la cantidad de cosas que me había propuesto y que finalmente no han pasado: en mi locura Pinterest solo se me ha quedado una cosa en el tintero, unas servilletas impresas en las que contarle a mis invitados lo que iba a pasar... Pues que se lo imaginen. También ha pasado que me he casado. De verdad. Bueno, de mentira. De mentira legal, ante una concejala, pero una ceremonia así como sin sal, no era la de verdad en absoluto, solo firmamos unos papeles que tienen validez ante la ley pero bah, minucias. Luego fuimos a comer arroz y eso es bastante celebratorio, pero también hoy he comido arroz a la cubana y solo era lunes así que tampoco nos volvamos locos. Lo que sí comí el otro día fue unos panzerottos. Yo ya los había probado en Milán y ahora los hay en Madrid en un sitio que abrió ayer mismo (soy una trendsetter, veremos cuando me case si pierdo el estatus), se llama Barivecchia y está en Huertas, no dejéis de probar el de cebolla y el de nutella, otro rollo. También comí otro día en otro italiano y me dejé el móvil. Lo cuidó toda la tarde David Moralejo que es alguien a quien admiro mucho y no solo porque me rescatase el teléfono, me venía de antes. Ahí me di cuenta de que quizá empezaba a estar nerviosa. Dejarme el móvil, vaya ocurrencia. No he adelgazado nada. En año y medio. He estado muy ocupada haciendo cositas DIY de novia y dieta entre semana y vía libre el finde es una fórmula que no funciona, pero mi vestido es precioso y me adelgaza, no quiero imaginar la maravilla óptica que crearía si fuese negro. Es precioso, estoy enamorada de él. Me casaría con él. O sea, me caso con él puesto pero quiero declararle amor infinito a ese vestido, ahora me debato en el después: ¿guardarlo en un armario y que nadie lo vuelva a ver? ¿cortarlo para reusarlo y que pierda su esencia original? Ay, problemas del primer mundo, qué angustiosos sois. He hecho mesas, he deshecho mesas, he sumado invitados, los he restado. La gente se comporta muy raro con esto de las bodas: ¿te he invitado? Es porque te quiero, y quiero que vengas, no le des más vueltas. Pero bueno, como invitada también sé que a veces no tienes esa sensación así que soy comprensiva y entiendo a todos. Y, bueno, al final del todo me he puesto nerviosa. Tanto que no soy capaz casi de editar este texto porque tengo las pupilas dilatadas... ¿Será amor?

domingo, septiembre 13, 2015

Cenando en casa ajena

Hace poco hice una entrevista a la deportista paralímpica Teresa Perales (la podéis leer en el número de septiembre de Woman) y me dijo algo que me gustó mucho: "Siempre digo que sí a todo, y luego ya veo." Lo cual me recuerda también, por cierto, a la filosofía que transmiten en La Llamada (ese musical que es tan divertido y bonito que no podéis dejar de ir a ver), cuyo lema es: "Lo hacemos y ya vemos."

Bueno, pues resulta que en mi vida yo también soy un poco así. De primeras no suelo negarme a nada (salvo que no me apetezca nada, obviamente) y es por eso que decidí aceptar la propuesta de With Locals, una web que te propone pasar tiempo con otra gente y, por ejemplo, cenar en su casa y probar cosas que nunca hubieses imaginado.

Hay más servicios pero este es el que yo, precisamente, probé.


No os voy a negar la sucesión de cosas que pasaron antes de la cena en casa de Chitty y Carlos (nuestros anfitriones): cada vez que contaba dónde cenábamos el viernes la gente se asombraba de que fuese a meterme en casa de unos extraños a cenar, yo misma pensé que por qué tenía que salir de lo conocido pudiendo estar en el sofá de mi casa tan tranquilita (pero esto de salir de la zona de confort ya lo trabajé con mi coach y siempre suele haber cosas buenas allá fuera) y ya no os quiero contar los comentarios que despertó el hecho de que fuésemos a probar una cena completamente vegana.

Sí, como lo leéis, la experiencia que elegí fue una de lo más peculiar y os digo desde ya, totalmente recomendable.



No solo por la cena en sí, que estaba buenísima (me quedo con los calamares veganos o el helado vegano de plátano y chocolate) sino por la experiencia en general: nada más llegar nos encontramos con dos galgos preciosos y de lo más cariñosos; lo cual, en mi caso, es sinónimo de que sus dueños y yo ya tenemos algo en común. 

Después pasarnos a sentirnos como en casa: nos presentamos, describimos un poco la vida de cada uno mientras tomamos el aperitivo y pasamos a cenar. Chitty sabe muchísimo de cocina y, como es vegana, está especializada en ella, así que nos descubre cosas de lo más ricas y sorprendentes. Con el transcurso de la cena (que se prolonga hasta la madrugada, no os digo más) aún descubrimos más cosas en común, al ritmo de la música de los vinilos que ambos coleccionan.



Salimos de allí sonrientes, felices, tras haber vivido una experiencia diferente que nos esperaba fuera de esa zona donde te sientes más cómodo. Es una idea rara pero, de verdad, merece la pena. Tanto si estás en tu ciudad como si vas de viaje y quieres, efectivamente, mezclarte with locals.


martes, septiembre 08, 2015

13 curiosidades sobre El Rey León, el musical

Lo ves por todas partes; está en marquesinas, en los pasillos del metro y en laterales de autobuses. El Rey León, el musical, forma parte de la vida diaria de los madrileños porque es el ciclo vital que lo envuelve todo y porque desde hace cuatro años (se estrenó el 20 de octubre de 2011) convive con nosotros.




¿Quién no conoce a alguien que se ha recorrido cientos de kilómetros solo con la excusa de ver a Simba pasar de la niñez a la edad adulta? Yo hace dos años que fui y salí maravillada.




Ahora he tenido la suerte de repetir (es una suerte porque el teatro está siempre lleno, si pasáis por Gran Vía a la hora de la entrada o la salida sabréis a qué me refiero) y además, para celebrar su aniversario y el de Stage, su productora, pude pasar por el backstage sorprendiéndome a cada paso... O pasito (ahora os cuento por qué).

Estas son algunas curiosidades que descubrí ese día:
  1. Apenas hay espacio detrás del escenario (de ahí los pasitos). El teatro Lope de Vega fue reformado en 2011 para acoger El Rey León y la mayor parte de los metros están en escena así que todo lo que vemos dentro de la obra (trajes incluidos) está colgado del techo. Esa necesidad de amplio espacio para el montaje hace muy difícil que alguna vez hagan una gira por otros teatros: requeriría (como en este caso) eliminar asientos, entre otras cosas, y no parece que sea algo factible.
  2. En uno de los pasillos se puede ver un cuadro firmado por Andy Warhol. De hecho, hay grandes obras de arte por todas partes así que si vas a verlo, no dejes de fijarte en las paredes.
  3. Solo hay 10 producciones de El Rey León en el mundo (¡visto así, es una suerte tenerlo en España!): la última en llegar ha sido la de México, que empezó en mayo de 2015 y tiene en el papel de Simba de mayor a Carlos Rivera (que interpretó este papel durante dos años en Madrid y a la vez alcanza la fama como cantante... Lo sé porque el jueves lo entrevisté en Madrid) ;)
  4. Todos los tejidos que se utilizan en la obra son naturales, tiene que parecer que estamos en África de verdad. De hecho, una vez alguien se olvidó los trajes de las jirafas al sol y quedaron descoloridas: el efecto le gustó al director y se fue copiando en el resto de versiones.
  5. Porque aunque hay adaptaciones locales (Timón en España tiene un acento gaditano), todas las producciones respiran la misma esencia: de hecho, cada pocas semanas se recibe una visita de los directores asociados para supervisar que todo sigue estando bajo control y no se han hecho cambios de locura.
  6. En El Rey León trabajan 170 personas todos los días: hay 13 nacionalidades distintas así que hay un jaleo de idiomas que parece la ONU.
  7. Todos los coros se hacen en directo, nada es grabado: se hacen o bien desde el escenario o bien desde el interior. La verdad es que es una de mis cosas favoritas y de las que más me emociona.
  8. La roca desde la que se hace el famoso 'achuwena' (ya sé que no se llama así, pero me habéis entendido a la perfección) pesa 3000 kilos de nada, así que es de las pocas cosas que van automatizadas así del todo, no la puede empujar nadie, obviamente.
  9. Por cierto que la visita pude hacerla con Mike, de Cup of Couple, y le confesé que mi achuwena favorito era este.
  10. Entre los trabajadores hay varias costureras, que durante nuestra visita estaban haciendo apaños y remiendos como una madre cualquiera, pero también hay un taller donde se encargan de las partes que van talladas, por ejemplo.
  11. La máscara de Nala simula ser una piedra, asociada a la dureza, la de Mufasa es de madera, por su nobleza, la de Scar es de arcilla, que se asocia a su vulnerabilidad y Simba parece ser un casco romano, por ser un luchador.
  12. Solo hay cuatro personajes que no se cambian de ropa: Mufasa, Scar, Rafik y Zazou (mi favorito, lo confieso)
  13. Dos millones de personas han ido ya a verlo en España, ¡pero si siguen llenando así van a llegar al 100% de la población rápido!

Y como extra, os dejo uno de esos vídeos que se ha viralizado con el tiempo y me gusta mucho: es el elenco de El Rey León de Australia montando en un avión y liándola parda...

domingo, septiembre 06, 2015

¡Ari Bradshaw en las ondas!

Ay, amigos, hay tantas cosas que me gustaría contaros de mí pero que me las guardo para hacerme la interesante... O para preservar la buena imagen que he construido todos estos años, no lo sé.

Venga, que me animo.

¿Sabéis por qué estudié periodismo? (Porque yo soy de las que estudió la carrera, no os creáis, y también estudié Economía y todo, aunque por suerte para la Humanidad nunca he ejercido, no sabría ni por dónde empezar). Bueno, que me lío, que lo hice porque quería trabajar en... ¡Los 40 Principales!

Pobre de mí, pensaba que en la radiofórmula se necesitaban licenciaturas. Nunca pasó.

Más datos que desconocéis: mi primer trabajo EVER fue en Grupo Zeta (mi actual empresa, cosas de la vida), en Flaix FM, haciendo (como becaria que solo cobraba el abono transporte a cambio) los informativos de fin de semana. Había que oírme el día que tuve que decir en directo Pagazaurtundúa...

Luego pasé también por la Cadena Ser y no sé cómo acabé en mi yo actual, escribiendo sobre los 15 motivos por los que debes cortarte el pelo en otoño y cosas similares, pero así fue y en éstas me hallo.

Resumiendo: me encanta la radio y ahora tengo la oportunidad de hacer radio sin volverme loca de los nervios antes, porque María Villardón me ha cedido amorosamente un espacio en su programa 'Quédate', en Gestiona Radio y Qué!Radio.

El sábado me estrené y estaré cada sábado a eso de las 11.30. La intención es tratar cosas de moda o que hayan sido comentadas en redes sociales en los últimos días, aunque acabemos hablando de señoras de Burgos.